16.9.05

MI HIJA VIENE DE ESPAÑA


Enrique, quien pudo en algún momento llegar a ser mi suegro; en cambio, va a ser en el futuro el abuelo de mi hija.
Enrique, en un llamado telefónico algo misterioso, me pidió mi dirección de email.
- ¿Algún problema? -inquirí con la estupidez que cada tanto me asoma.
- Digamos que no. Pero tengo que hacerte un par de planteos y desarrollos que mejor que te queden por escrito. Para que los mastiques. Y para que te queden como prueba. Chau.
Como ustedes escucharon: dijo "como prueba" ¿Será prueba de algún crimen, de algún hecho de necesidad testimonial judicial?
Una vez más, Enrique optó por no dejarme muy tranquilo. Así que me quedé frente al outlook como un idiota, esperando que en algún momento apareciera algo. Que, obviamente, no asomaría hasta avanzada la noche, cuando regresé a casa. Y que me shockearía.
Se los voy a sintetizar.
Por cuestiones legales bastantes complicadas de entender a fondo, Carolina ha decidido volver a Buenos Aires para que su (nuestra) hija nazca en Argentina.
Casi sin terminar de leer el contenido total del email, por mi cabeza se agolparon mil nuevos pensamientos que no había tenido hasta entonces: ¿me permitirán presenciar el parto de MI hija? ¿Accederán a que la reconozca? ¿qué derechos tengo? ¿podrá participar mi familia del nacimiento? ¿volverán luego a España? ¿deberé hacer todas estas preguntas a un abogado?
Por supuesto que todos estos interrogantes me lanzaron a un cataclismo de dudas que me dejaban sin respiración.
Decidí gastarme unos pesos y me metí en un locutorio. Pensé que si llamaba desde ahí a España por lo menos podría ir viendo hasta dónde podría gastar en una llamada de ese tipo.
Cuando me dí cuenta de que quién atendía era Carolina, me quise morir.
-¿Ale? ¡Tanto tiempo!...
(...)
-¿Sos Ale, no?
(Enmudecer es ligeramente más fácil que saltar por los aires como el Hombre Araña)
- ¡Caro! ¿Cómo estás?
-Un poco complicada. Porque por aquí todo es complicado. Se que papi ya te contó casi todo. Pero tuvimos muchos problemas con el sistema de medicina prepaga, con la clínica y el médico que me atiende, y como si fuera poco vinimos a descubrir los enormes problemas legales que trae por aquí tener una hija española sin padre...
-¿Cómo que sin padre? ¿Y yo?
-Vos en ningún momento nos aseguraste que podrías venir a reconocerla, sino más bien todo lo contrario. Y con ese panorama, decidimos que el nacimiento se haga allí.
Ya ven: ¡ahí estaba la verdad! Así que yo soy el único culpable. Si simplemente hubiera viajado a España para estar cuando naciera mi hija, estos nariz-estiradas hubieran ahorrado su viaje a Argentina.
-Pero estoy contenta -continuó Caro- porque mi hija será finalmente argentina. ¿Llamabas por algo en especial?
-Sí. Quiero que sepas que quiero presenciar el parto.
-Mirá: en unos días voy a estar por allí. Va a ser más fácil que charlemos todo esto ¿no?
Corté yo porque se me terminaba la plata. La paciencia todavía no. To be continued.