28.5.05

EL DÍA DEL ABUELO

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La foto recuerda una escena de "La Dolce Vita", Federico Fellini, 1960.
Salir a almorzar con papá presupone una dosis de paciencia y realismo, dado que cumple una dieta anticolesterol para la cual ningún restaurant parece todavía preparado. Y cuándo hemos localizado un lugar que pareciera ser el más acorde, ¡procontefecontempon! no venden la marca de cerveza que a él le gusta.
Ah, claro... ninguna dieta anticolesterol incluye la cerveza, ni siquiera como optativa. Así que denominaremos Vitali la dieta que lleva adelante mi viejo. Y no me negarán que el nuestro es un apellido con suficiente gancho marketinero como para que sirva de apelativo a una dieta que se preanuncie como muy saludable.
Charly quería verme para charlar del "tema nuevo". Para quienes recién me conocen, les hago una rápida sinopsis. Carolina, mi novia, convivió conmigo varios meses. Un día conoció a otro tipo y decidió cambiar de novio y de lugar de vivienda. Hasta que se dio cuenta que estaba embarazada y me avisó que iba a tener nuestro hijo viviendo con el otro hombre, el cual decidió que sería el padre. Y ahora se va a vivir a Madrid, lugar donde se está radicando su familia. Yo estoy anunciando todas estas buenas (y malas) a mi familia, con distintas reacciones (en general, no lo pueden creer).
A papá se lo aclaré bien por teléfono: lo que cuento (esto mismo que aquí relato) es todo lo que se, nada puedo agregar porque Carolina está borrada, y encima en cualquier momento desaparece por España. El loco insistió, de todas maneras, que nos encontráramos a almorzar.
- Te voy a grabar -le dije. Él ya se acostumbró a tener que hablar para mi grabador.
- ¿Cómo te sentís? -me preguntó.
- Mirá: a veces mal, a veces bien, como ahora. Se ve que cuando a uno lo cagan en un tema como este, en realidad a la que joden es a la comunidad, digamos, por decir algo trascendente, se jode la vida, el mundo, qué se yo... Porque: si una mina se cree dueña de su hijo porque lo tiene adentro de ella, a quien agrede no es sólo al padre sino a todos, empezando al entorno inmediato, como a vos por ejemplo.
El viejo sonrió, y continuó:
- Hay una frase hecha que dice algo así como "yo ligo la parte jodida, pero antes vos compartiste la parte placentera del tema".
Claro: estas son las ventajas de que este planteo surja con Charly (¡este es mi padre!) y no con Marita (que es mi vieja). Supongo que ella me hubiera echado en cara desde mi supuesta "falta de prevención" hasta la falta de amor que podría haber llegado a adjudicarme para culparme de la huída de Carolina y su cambio de pareja.
Empezar a reirse ya con el primer trago de cerveza fue bastante bueno. Así nos fuimos aflojando.
- Me comentaron tus opiniones sobre el papa, que reproduje en post anteriores. No acertaste mucho...
- Sí: es cierto, yo pensaba que el papa nuevo iba a sentir la fuerte influencia que dejó el viejo ¡y cómo me equivoqué! En realidad el papa nuevo era el que había influído siempre sobre el viejo. Es que la Historia está llena de estos trucos. Hegel lo definía como "la astucia de la Historia", y tenía razón: la lógica está bien para teorizar, pero la realidad se nutre más seguido de la ilógica, de la profunda falta de sentido que tiene el devenir de las cosas...
- Tus amigos me cuestionaron que yo apele para mis reportajes sobre cuestiones religiosas a un ateo como vos.
- No veo qué tiene de malo. Los ateos, generalmente, somos bastante humanos. Aunque mi mamá pensaba que los chicos que no bautizaban sus padres librepensadores, eran animalitos. Supongo que no creía eso por deducción propia, sino que los curas de la época acercarían una explicación así a los fieles.
- ¿Y cómo fue que de padres católicos vos devinieras ateo?
- La pregunta es muy buena: una de las condiciones políticas prioritarias de cualquier "creencia organizada" es que logre una eterna propagación a través de la cultura. Y la familia siempre es prioritaria porque la propaga "naturalmente" a través de la transmisión cultural en la crianza. ¡Por eso siempre han luchado por tener o educación religiosa en los colegios oficiales, o "educación libre" con colegios religiosos propios. ¡Es muy importante!
- Supongo que habrás tenido que luchar por imponer tu falta de adhesión a una religión oficial.
- No creas. Todo comenzó de una manera natural. Mi familia era lo suficientemente pobre como para mandarme a un colegio estatal, por lo tanto yo tenía como única instrucción la de mi entorno: el padre nuestro, las promesas y ver a las viejas con la mantilla camino a la iglesia.
- Digamos que no eras muy creyente.
- Lo normal, sentía ese "miedo" que te van transmitiendo por el cual uno imagina que desde algún lado alguien (Dios, o los santos en conjunción con ángeles y demonios) te controla y sanciona. Imaginate: hablamos de duras normas que te prohiben algo así como un 65% de las cosas que podrías hacer. Si sumás los diez mandamientos, los siete pecados capitales y otras cositas así, te darás cuenta de este aspecto.
- ¿Hiciste la "primera comunión?
- ¡Era la única vía posible para ser considerado apto por la familia! Esa pregunta, que vos me hacés te la hacían todos al llegar a cierta edad, nadie te preguntaba si estabas bautizado porque era un "default", todos habíamos sido ya bautizados, era un ritual social ineludible. Mis conflictos comienzan, precisamente, al tener que cursar ese horroroso requisito propio de la inquisición que se llamaba (creo que se sigue llamando) "catecismo". Duraba varios meses y consistía en estudiar de memoria largos párrafos. El estudiar de memoria impedía pensar y reflexionar qué era lo que se estaba diciendo con términos tan complejos como "nuestro señor", "inmaculada" o "fornicación", todos tan inevitablemente asociados al sexo, cosa que en la religión de aquellos tiempos se eludía de mencionar como elemento prioritario.
- No entiendo.
- Nuestro señor alude al patronazgo, un señor dueño de las vidas de los demás, inmaculada alude al valor que encierra ser virgen en las mujeres, algo inentendible, y "fornicación" es un término que existe en los diez mandamientos para oponerse (no fornicar) que obviamente es lo más lindo que existe. Ni bien comencé el catecismo empecé a preguntar con lujo de detalles estas cosas obtusas, algunas de las cuales ni siquiera entendía. Mi "catequista" era una adolescente apenas más grande que yo, que había estudiado todo de memoria también y que sólo le preocupaba que lo que ella ya sabía fuera dicho exactamente igual por mí. Por ejemplo ella preguntaba "¿Quién es Dios Nuestro Señor?" y uno debía contestar (sólo y exclusivamente) "Dios Nuestro Señor es... etc." Cuando uno sabía todas estas fórmulas y las repetías y coincidía ¡ya había estudiado y aprobado! Es decir: aquella chica no estaba para otra cosa. Así que cuando yo le preguntaba ¿y por qué ese señor es "nuestro"? ella consideraba mi pregunta como algo fuera de lugar. ¿Viste cuando en los formularios de internet no llenás la ciudad, que el programa se traba, y sólo sigue si llenás el requisito? ¡Pues esto le pasaba a mi catequista!
- Pero parece como requisitos que había que cumplir y listo, vos eras chico y tendrías muy buena memoria...
- Sí, parece fácil. Pero cada cosa que no me contestaban me despertaba preguntas cada vez más grossas. Encima todo esto lo viví allá por la década del cincuenta. ¡No sabés lo que era la liturgia! Las ceremonias eran larguísimas, llenas de humo de incienso que volvían el aire irrespirable, y las misas, llenas de curas y monaguillos vestidos con telas rarísimas, todos hablando y contestándose en latín, un idioma horrible. La música era de órgano, algo lúgubre. Y después te enseñaban a confesarte. La confesión de las chicas se hacían detrás de una cortinita, pero a los varones nos ponían frente al cura, que siempre estaba obsesionado por qué tipo de "cosas impuras" hacíamos o decíamos. Yo tenía 8 o 9 años, y visto a la distancia creo que buscaban "atajarnos" del comienzo de una actividad sexual que, según Freud habíamos iniciado al nacer. Claro que las religiones niegan el pensamiento psicoanalítico por cuestiones como ésta.
- De todas maneras, no te "enfrentaste al sistema"...
- No. Pero me pasó algo muy curioso, que es una de las historias más caprichosas que recuerdo. Hoy deduzco que aquella catequista (que recuerdo se llamaba Dolly García, si lee este weblog le ruego me disculpe, yo ya la disculpé hace rato) harta de mi curiosidad, preparó muy bien el momento que iba a llegar cuando yo le preguntara ¿qué quiere decir "no fornicar"? y me debe haber contestado una respuesta tal cual yo la solicitaba: detalladísima y que me apartó de seguir preguntando. Así, a la distancia, imagino que me debe haber contestado algo como "no engañar a la esposa con otra mujer" o "no lavarse las manos antes de ir a comer" o alguna de esas obsesiones que transmiten los padres a sus hijos dentro de las mil y una prohibiciones que te tiran en la niñez. La cuestión es que la respuesta me satisfizo y no pregunté más, y -lo peor- es que la incorporé a mis conocimientos. Un día, en un recreo en cuarto año del secundario, contábamos cuentos verdes. Uno de mis compañeros, por hacerse el fino, utilizó la palabra fornicación para referirse a lo que vulgarmente en Argentina denominamos coger, y yo le reproché que usara tan mal el término por hacerse el fino. Cuando todos (unos diez) se rieron de mi ignorancia ¡me di cuenta de aquel truco que usara mi catequista ocho años antes! y me pregunté cuántas cosas más habría aprendido equivocadamente de aquella forma...
- Pero, finalmente, hiciste la comunión, la abuela tiene tu foto con cara de santo...
- Sí. Cuando uno es chico poco puede hacer para salirse de esos esquemas, la presión es muy fuerte y uno está lleno de miedos, es muy influenciable. Pero a pesar de que curas, monjas y catequistas se esmeraron para que "sintiera cosas" nunca sentí nada, y bueno... después no hubo nadie que me obligara a seguir los rituales. Quedé fuera de la iglesia y eso me tranquilizó bastante. Una obligación menos. Bastante con la del colegio, la del club, los rituales sociales...