10.4.05

MÍ Tía María

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Tenemos una tía que ha sido es y será nuestro respaldo. Por nuestro me refiero a las ocho bestias que tiene como sobrinos, y que no le damos respiro.
En realidad ella es nuestra tía Alcira, pero preferimos decirle tía María por que coincide con el nombre del licor de su preferencia. Desde que enviudó, treinta años atrás, prefirió cambiar la compañía de un hombre por la copita. Así que, todos los días, después de las 10 de la noche toma su botella, su copa, y se va a la cama frente a su televisor. Lo de las 10 de la noche no es una posibilidad: es la hora en que comienzan todas las peliculas en los cables ¡y ella, sobre todo, es fanática del cine!
Cada vez que por una eventualidad aterrizamos en casa de Tía María (o sea siempre) suponemos en qué estado podemos encontrarla según la hora. Y hemos descubierto que si caemos por la mañana está muy cerebral y sensata como ha sido siempre: nos da sanos consejos, y da excusas muy válidas acerca de por qué -por ejemplo- no nos puede prestar dinero. Una situación que cambia totalmente a eso de las once y veinte de la noche, que su película ya ha avanzado suficiente y sólo nos quiere sacar de encima: allí directamente desde el portero eléctrico nos pregunta cuánto nos hace falta.
Tía María es maravillosa porque esto que somos es su familia. Es decir: su concepto de familia empieza y termina con nosotros. Somos hermosos, maravillosos, perfectos y únicos. Y cada uno de los temas nuestros es tema central de charla con las brujas de sus amigas, un hato de viejas cuya mayor diversión es encontrarse todos los sábados entre las cinco y las nueve en la confitería Las Violetas: una especie de aquelarre oficial en Buenos Aires.
Les voy a dar la ubicación: es la esquina de Medrano y Rivadavia, en el mismo Almagro de Gardel. Si se asoman por allí los fines de semanas van a ver una escena que es digna del cine de Almodovar: mayoría mujeres, edad entre 65 y 95 años. Todas hablan, muchas a la vez. La gran mayoría de ellas lucen sus galas, con modas de la década del 50, cuando ellas todavía lucían a la moda y ya eran cuarentonas. ¡Y todas pasaron ayer por su peluquero, que las hacen lucir como recién acudidas a la boda de los príncipes de Inglaterra!
Nuestra tía allí nos luce. Muy por encima de la cura mágica para la jaqueca que descubrió alguna de sus amigas, lo bien que le hacen las cenizas del Sai Baba a otra, o los grandes éxitos de los sobrinos de la Luma, su gran contrincante con sobrinos de igual edad que la nuestra pero con mayor fortuna.
- ¿Qué quieren que haga? Luma es judía: ellos le enseñan a sus chicos a ser exitosos de muy chicos: los mandan a aprender idiomas, música, canto, pintura... cuando llegan a la adolescencia los obligan a ser genios...
- ¿Y?
- Ustedes, mis sobrinos, son también muy inteligentes, pero nosotros no los obligamos a demostrarlo en público, tal vez sus padres fueron demasiado blandos...
- ¿A vos te duele mucho que nosotros seamos este grupo de mediocres?
- ¡No digas eso, nene... si yo los adoro!
Entonces ella cuenta "su versión" sobre nosotros, que no puedo ni imaginarla. La cuestión es quedar bien posicionado frente a las versiones que alojan cada sábado las brujas de sus amigas, repletas de éxitos de nietos, sobrinos y sobrinos nietos. Supongo que eso llena esos largos turnos de te y masitas en Las Violetas: un relato pormenorizado de compromisos y casamientos, cumpleaños y barmitzvás, nuevos trabajos y graduaciones, viajes por el mundo y publicaciones varias.
Un día se me escapó frente a Tía María que tenía un weblog.
- ¿Un quéeee?
- Es una publicación en internet.
- Un jueguito...
- No, bueno... internet es una red en la cual la gente entra y es como la televisión: todos a la vez pueden ver algo hecho por otro...
Madonna santa! ¿Cómo explicar qué es exactamente internet a alguien que todavía le llama la atención el cine. El otro día me dijo que había visto una película en colores... No porque no esté acostumbrada al cine en colores, sino que su lenguaje se quedó en su adolescencia, que debe haber sido allá por los cincuenta.
Salvo que es muy generosa, nuestra Tía María es muy... retrógrada. Es la palabra que se me ocurre.
Salvo el televisor, que la sumerge en sus sesiones de cine, no hemos podido ayudarla a "aguantar" nada que nos sea familiar. Creo que a ella sus anacronismos le sirven para "seguir" en sus amados cincuenta, junto al último novio que le conocieron.
Un día me animé y le pregunté:
- Tía: ¿te hubiera gustado tener una familia?
- Pero: ¿qué decís? ¡Tengo la familia más hermosa del mundo!
- Digo: marido, hijos, definir vos por donde pasa TU FAMILIA...
Me miró seria, mal, como si hubiera violado una ley expresa en términos de DE ESO NO SE HABLA. Después sonrió y me dijo:
- ¿Te sirvo otra porción de torta?