11.3.05

SOMOS LOS VITALI

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(Esta nota sale en simultáneo por Las Rarezas de Vitali)
Es muy común que cuando alguien lee algo mío, por su estilo pregunten ¿qué sos del Loco? Claro que soy el hijo, man... quién otro??? Pienso que no sólo se nota por la típica desprolijidad periódistica (largar un texto semi-legible con a lo sumo una única revisión) sino la arbitrariedad y manías por determinados enfoques, temas, obsesiones...
¿Cuál es mi visión personal de Carlos el Loco Vitali? No es fácil. Tengo grabada la imagen de veintipico de años atrás, juntos en el Italpark o los veranos en Gesell, en la cancha de Independiente a caballito en su hombro, veinte atrás atragantándonos de pochoclo mirando videos, diez el día que conoció a mi primera novia, cinco cuando me sacó de la comisaría totalmente borracho. Ese es mi viejo. No es el Vitali que conocen todos, este es una exclusividad mía.
Desde hace varios meses que intento convencer al Loco para que escriba un Weblog con mi ayuda. Hasta pensé un título "Más locuras del Loco Vitali", ¡le sonó espantoso! Me dijo algo así como que "para esta cultura post-Cromagnon cualquier cosa suena bien, mientras rezan a Rodrigo, Gilda y Walter Olmos, los nuevos ritos giran alrededor de Alan Faena y Chris Morena" Pero hay que perdonarlo, a veces se queda en los setenta, junto al tío Cámpora y sus muchachos, muchos de ellos funcionarios oficiales.
No aceptó el weblog, tampoco le cayó bien mi ofrecimiento de compartir escrituras. Digamos que está como paspado, todo lo mío le suena sospechoso. Ma sí... Hasta que finalmente se me ocurrió que podíamos desarrollar diálogos que se grabaran, que arrancaran en lo íntimo de un encuentro entre padre e hijo, y que luego admitieran una transición a periodista-entrevistado y que no eludieran enfrentar temas que hicieran equilibrio sobre la oposición política, religiosa y filosófica. ¡Se le brillaron los ojitos, mire! Y ahí recordé tantos momentos juntos, en esa imagen imperdible, cuando el viejo finalmente se decide por algo, y bien...
¿Cómo querés que lo hagamos? me dijo, como tomando una iniciativa que nunca había tenido y que quería ¿recuperar? Como la otra vez, le dije. Ya no más con el grabador, ahora tengo un celular que te graba y además te fotografía. Nada de fotos, dijo. Ok. contesté.

-Papá. Mi generación tiene una pésima imagen de la tuya. Galimberti, Firmenich, Isabel Martínez, Patricia Bullrich, Chacho Alvarez, y unos cien más, parecen ser pésimos ejemplos de lo que fueron ustedes.

-¿Y qué me contás de los muertos, desaparecidos y expatriados, exilados y demás?

-Ojo con lo que me estás contestando. ¿Querés decir que en función del sufrimiento de algunos se deben justificar los negocios de Galimberti, las borradas de Firmenich, las ineptitudes de Isabel, los dislates del derechismo de Bullrich o las nubes de pedo del intelectualismo de Chacho Alvarez?

-Creo que das en la tecla. Todos los que nombrás han tenido oxígeno gracias al sacrificio de un montón de chicos y chicas que la pasaron mal, ¿no?

-¿Vos pensás que hoy hay gente que también está sufriendo algo para que otros disfruten, también?

-Creo que es una ley inexorable ¿no? Hoy leí que Macri está por recomprar Fiat, y va a volver a las andadas. Los patrones no pueden dejar de ser patrones, así como a los pobres les cuesta dejar de serlo.

¿Asumís que lo tuyo es re-romántico?

-Totalmente.

-¿Y?

-Y nada. Kirchner parece que también estuvo con nosotros. Pero ahora está en otro lado. Debe ser jodido estar ahí, controlando granaderos. Pienso que muchos de nosotros seríamos otros de tener que estar ahí. Claro que una cosa hubiera sido estar en el poder en aquel momento, y otra es hoy, donde el cerebro de uno ya está como curtido. ¿O pensás que Kirchner es el mismo que en el setenta y tres?

¿Y en qué pensaban ustedes por entonces?

-Creíamos que se venían cambios, que era lo que el pueblo había votado. Nosotros éramos muy ingenuos, pensábamos que todo era fácil, casi automático. Y creímos que Perón nos seguía a nosotros, porque teníamos razón, fuerza y argumentos válidos. Hoy no creo lo mismo ni refugiado en lo más íntimo de mi hogar.

-Vos tenés amigos de aquella época que, de una u otra manera, hoy están "arriba". Por un minuto bajate de la cabronada que sientas y contame qué pasaría si te llaman y te dicen, por ejemplo, tenemos una subsecretaría de cultura para vos, pensá en lo que más te guste...

-La pregunta es tan buena, que creo que no la voy a contestar porque no quiero ponerme a llorar delante tuyo, y creo que es un papelón. Sólo te puedo contestar que aceptaría.

-Galimberti decía que su transformación en un hombre de negocios exitoso y muy importante demostraba que había sido cierta la tremenda potencialidad que tuvo su generación...

-¿Qué querés que te conteste? Todos tenemos derecho a cambiar nuestras posiciones, nadie queda igual a lo largo del tiempo. Quise mucho al Galimba. Poné lo que se te ocurra...

-Siento que estamos trabados, mejor corto aquí. Te doy un nombre y dame tu definición.

-Después de esto te vas a ir a trabajar a Gente. Pero a la de los ochenta, con Gelblung...

-Lanata.

-Quiere ser el fiscal de la nación, el Michael Moore. Un personaje conflictivo pero buen marketinero: con sus programas, sus libros, con él mismo. No es mal tipo, es sólo conflictivo.

-Luis Majul.

-Con Juan Castro, Fernando Peña y Zlotowiasda han sido la nueva luz del underground. Todos me gustan.

-Laje.

-Yo te agrego a Feinmann, Hadad, Viale y González Oro. Yo creo que la derecha es imprescindible en los medios. Si no ¿cómo medimos dónde estamos? Que ellos hagan lo suyo, algún día ya no estarán más los lectores, escuchas y televidentes viejos de la derecha "que quieren que vuelvan los militares", ellos ya se habrán retirado, y todo será más democrático. Si analizás sin dogmatismos a los cinco nombrados, notarás que no son tontos ni tarados, y podrán hacer buenos negocios pero son muy buenos en lo suyo, tanto como lo fueron Grondona y Neustadt en su momento. No hay que dejarse llevar por el corazón o la pasión tan latinaza.

-Vos viviste la Buenos Aires mítica de los sesenta y los setenta ¿pensás que era muy distinta a la actual?

-Totalmente, empezando porque no había rejas y alarmas por todos lados como ahora, ni perros ladrando y cagando a toda hora en cada cuadra y departamento. Las señoras mayores eran en general algo gorditas, y estaban uniformadas con una vestimenta llamada "batón", que era como una toga romana. Ah! y no se teñían el pelo, creo que por la dignidad de ser “una señora mayor”, que es como querían ser tratadas. Ahora las señoras mayores intentan competir con sus nietas (Susana Giménez, Soledad Silveyra, Nacha Guevara, Moria Casán, y todo el resto de la colonia artística de más de 55 hubiera sido en los sesenta un hato de ancianas, por ejemplo). Otra cosa llamativa era que la ciudad, desde temprano tenía otro color, otro sonido y otro olor. Funcionaban todos los incineradores de basura, uno en cada edificio. Cada noche, se quemaba a lo largo y ancho de la Capital toneladas y toneladas de basura. La ciudad amanecía así con una neblina de hollín que despedía un olor acre muy desagradable (al menos para un alérgico como yo, eh?). Los incineradores se prohibieron a partir de los 74/75 y ese fenómeno desapareció. Hasta el 62 hubo tranvías, unos años más duraron los trolebuses. Regalaban a la ciudad una maraña de cables sobre las calles, los tranvías metían un ruido característico que sonaba a latas, campanitas y chispazos. Las antenas de televisión llegaron a ser miles, tal vez millones sobre todos los techos. También por aquella época se anuló la "tracción a sangre". Hasta entonces había sido común el "reparto a domicilio" en carros tirados por caballos del pan lactal, la soda, la leche, los "triciclos" que te traían el kerosene para las estufas y los calentadores, el pedido de la almacén, los helados, los churros. En Liniers, el repartidor de leche pasaba con la vaca (créase o no). Hay que entender que el centro del consumo no eran ni por asomo los supermercados sino los pequeños centros como almacenes, rotiserías, fiambrería, lecherías, panaderías. La característica principal era que el centro no era el cliente, que estaba de paso, sino el dueño del local que oficiaba de consejero, imponía las ventas y hasta administraba el crédito de su cliente a través de la histórica "libreta". Y no era que no existieran los supermercados, que era una moda muy modernosa que venía de los cincuenta junto con los "bares americanos" en los que se comía en la barra con ciertos touchs de autoservicio en los más audaces. En los sesenta, inclusive, el gobierno fomentó la radicación de hipermercados para que incentivando "los cambios de hábitos de compra" en los consumidores se provocara cierto control automático de precios, una vieja fantasía liberal. Por entonces se crean hipermercados enormes, como la ciudad "Satélite", un precedente del actual shopping center, que incluía locales adicionales que hasta tenían sucursal bancaria propia. Tanto ese, como otros grandes locales (Gigante, Todo -que tenía un autocine- Canguro y otros que no recuerdo) una vez que agotaron el proceso de fomento (no les cobraban ciertos impuestos), levantaron campamento y desaparecieron. Claro que hay que tener en cuenta que en medio de todo eso les pasaron mil y unas: muchos atentados terroristas, y sobre todo robos. En esa época la seguridad interna no era muy elaborada, no existían detectores de robos, la gente le cambiaba los precios a las cosas en combinación con cajeras y supervisores, en fin... Es la prehistoria de los supermercados, que favoreció el desarrollo de grandes fortunas, como la del carnicero Coto, el tendero de Narváez (de Tía) o el fiambrero Guil (de Norte).

-Me quedé en lo de las pequeñas unidades con reparto en triciclo, ¿eso llegaste a conocerlo personalmente o te lo contaron?

-Acordate de tus lecturas infantiles de Mafalda, con Manolito y su canasta, y el almacén de su padre. Esta es una tira típica de los 60/70, no hay equívoco. ¡Claro que lo viví! Buenos Aires era, hace 40 años, ya era una gran ciudad pero con una cultura pueblerina. En la época de Onganía para el mundo éramos una república bananera, en la cual la prensa internacional subrayaba el feriado especial en el cual el presidente del país (un dictador disfrazado de milico) se iba a Luján a entregar el país a la imagen de la Virgen de Luján, y también cuando inauguraba la feria rural entrando al lugar ¡en una carroza antigua tirada por caballos! Mientras el presidente entregaba el país a la Vírgen, su ministro de economía entregaba todo el resto al Banco Mundial o al FMI (creo que era Kriger Vasena).
-¿Y cómo era esta ciudad desde el punto de vista cultural?
-Casi como la de ahora, Nacha Guevara o María Concepción César actuaban en el teatro, Graciela Borges en el cine, León Ferrari exponía sus cositas raras, y se armaban grandes quilombos con la iglesia. Claro que esto es un truco mío meramente retórico, porque en realidad la cultura, por entonces, vivía amordazada. Uno de los grandes temores de la época era cómo hacer que no te metieran en cana por cualquier boludez, por el libro que llevaras abajo del brazo por ejemplo, o que te ficharan como zurdo, o te cortaran el pelo si consideraban que era demasiado largo, algo que obviamente para el poder podía ser muy subversivo. Vestir, pensar, leer, manifestarse: todo tenía un límite muy claro. La prueba de ese asco quedó hoy en grabaciones del rock y el pop de la época, o en las "canciones de protesta" como las de Pedro y Pablo.

-¿Conociste el Instituto Di Tella?

Claro: fue una linda experiencia. Pero ojo: ni masiva ni popular. Fuera de cierta repercusión periodística, no fue más allá. Comenzó llamando la atención de la clase media culturalizada, pero terminó siempre siendo escandaloso. Mi visión, por entonces, era que reunía cosas nuevas, que uno merecía conocer en medio de tan obtusa represión. Con el tiempo se fue entendiendo mejor. Aquellos alucinados "hacían sus cositas", y lo que quedó fue muy importante. Pensá que en el 60 Berni era revulsivo para la cultura rígida de por entonces, desde esa óptica es muy emocionante ver el papel que tiene hoy, ya que el gobierno ha destacado el 2005 como el "Año de Berni". De a poco (muy lentamente) la cultura oficial ha ido absorbiendo aquel mundo por entonces muy under, y perseguidos como Piazzolla, Marta Minujin, Berni, son hoy héroes de la iconografía oficial. Es posible pensar que en 50 años revulsivos como Fernando Peña han de ser artistas indiscutidos, ídolos de la escena que representarán esta época.

-¿Creés en la existencia de un "arte popular"?

-Sí, definitivamente, aunque no a la manera de arte como aprendizaje o arte como elevación, que sostenían los socialistas de principios de siglo. Creo que las manifestaciones de innovación en el arte van ingresando con los cambios culturales. Por todo lo que dije antes, creo que las vanguardias finalmente se imponen. Piazzolla, para el mundo, es tango argentino. El único, del resto ninguno quedó para el oído mundial. Esta idea me pasó también cuando me enteré que las inmobiliarias de Mar del Plata eligieron a Marta Minujin como la única que les iría a realizar esa obra que simboliza el progreso, frente al mar. ¿Puede haber algo más conservador que una sociedad de comerciantes inmobiliarios? La cultura se mueve, se transforma, cambia, de una manera insólita: frente a nuestras narices, ¡es maravilloso! La sensibilidad cultural de mis abuelos y mis padres es totalmente distinta a la mía y a la tuya, ¡y me gustaría saber cómo va a ser la de nuestros nietos!

-¿Hay cambios profundos en la forma de ser de la gente de hoy, en relación con la de los sesenta?

Totalmente. Y, a diferencia de aquella sociedad patriarcal, es muy obvio que la tónica la van dando los jóvenes: el manejo del idioma, el vestir, los usos y las ideas. Precisamente este fin de semana me detuve a analizar el "look" del porteño actual. Creo que NUNCA antes la gente se había vestido tan informalmente. La mayoría se pone encima lo que se le canta. Cada vez se observa menos diferencias entre la ropa formal e informal. Se ven hombres (ya no sólo chicos o adolescentes) que definitivamente se despreocupan del "qué van a decir si no me visto bien" y usan zapatillas amarillas, rojas o naranja u ojotas hawaianas, pantalones pescadores, de fajina o bermudas rotos, gastados o sucios, remeras con cualquier inscripción o sin ropa en su torso, y tatuajes, peercings, aros y pelo largo o rapado ¡todo está bien! A veces pienso: ¡cuánto he perdido por no ser adolescente en esta época! Otros cambios se ven en el lenguaje, en el tratamiento de los temas que se hablan, el desprejuicio general. Un hábito como que los padres acepten que sus hijos mantengan relaciones sexuales con sus parejas formales o eventuales, es un cambio cualitativo de dimensiones estimables. Se puede decir que es una era con menos careteo. O, con más precisión: que el careteo se ha trasladado a otros hábitos, "más de clase".

-Mirá que esas cosas tan herméticas "donde me la dejás picando", algún día las vas a tener que contestar.

-No creo. Los cambios en esta época son tan veloces, que cuando quieras retomar el tema ya las preocupaciones van a ser otras. Yo sigo asombrado con el papel que los medios han cubierto en esto. Si la gente se expresa hoy con más soltura tanto en la elección de los temas como en su profundidad o crudeza con que lo hace, mucho tiene que ver en que en los noticieros se muestra todo, con las palabras que hay que decirlo. Y que, en todas las ficciones de la televisión, la gente habla como nosotros: puteando y diciendo barbaridades e inexactitudes. De esto no tengo dudas. El fin de la censura que se fue haciendo desde el 82 ha sido un hito cultural invalorable.

-¿Y en qué aspectos te parece hubo mayores cambios?

-En todos, sin excepción. Y creo que positivos. Los que digan lo contrario es porque están influidos por la fuerte opinión del equipo de medios Radio 10-Infobae-Canal 9, que son el resurgimiento de un espíritu conservador siempre latente en la sociedad. Todos los cambios han colaborado en salir definitivamente de aquel ambiente pacato y con permanente miedo al ridículo, hipermachista y plagado de tabúes y prohibiciones. Los porteños éramos forzados a practicar la hipocresía de decir lo que no sentíamos y hacer lo que no queríamos.

-¿Vos querés decir que esta es una sociedad "más sana" que aquella?

-Claro. Sólo que "en cierto sentido". Pienso que las neurosis, simplemente, se han desplazado. Hoy tenemos miedo a violencias que no sabemos dónde cómo ni por qué aparecerían, a la posibilidad de perder trabajos, a enfermedades terribles que no se curan, a rayes nuevos como el ataque de pánico, a la liviandad con que se encaran las relaciones, a la sostenida relatividad y ligereza con que debe vivirse toda experiencia emocional.

-¿Y qué rescatarías de aquellos tiempos?

-Nada (tal vez emociones muy personales). ¿Te acordás de Back to the Future? Cuando el chico vuelve a la época en que conoce a su padre y a su madre de solteros, descubre a su padre como un cobardón (un valor demasiado negativo para la cultura de la clase media americana) y a una madre emocionalmente "liviana", que al enamorarse de él (su futuro hijo) ¿comete? cierta forma latente de incesto. Para los cánones de Hollywood son situaciones bastantes novedosas: la revelación de que todo pasado pudo haber sido peor, y que el incesto también es buen tema para bromear con él en una comedia de fantasía.

-¿Y vos podrías llegar a sostener que hoy somos mejores?

-¿Peores? ¿Mejores? Creo que seguimos siendo iguales, a pesar de todo...

-¿Y desde el punto de vista político? Vos viviste una era en que se llegó a considerar la "militancia política" como un ingrediente inevitable de la identidad de los jóvenes...

-Esta es una sociedad definitivamente despolitizada desde la acción. Esta generación está bastante informada (tal vez deba decir informatizada), tiene opinión. Hables con quien hables se notan puntos de vista grosos sobre las cosas en general. Claro que somos llorones, quejosos, las perspectivas que uno oye suelen arañar lo siniestro. Y no sólo al escuchar las confesiones de los que siguen la prensa más pesimista y reaccionaria, como los taxistas y remiseros.

-¿Y en cuanto a las divisiones de clases que hoy se dan?

-Es un punto interesante. Creo que cada vez nos diferenciamos más, que se alejan ciertos puntos de encuentro que deberían darse. Me da la impresión de que cada vez se crean estrategias de diferenciación más acentuadas: la vida en countries y barrios protegidos, la articulación de una vida aislada y defendida. O el estudio dentro de centros, socialmente cerrados e inaccesibles, asépticos y lejanos como la Universidad de San Andrés, a la que no se puede concurrir sin automóvil y sin tener un papá con bastantes fondos. Hay una obsesión por el logro de aislamiento como forma de “seguridad”.

-¿Qué pensás que se quiere decir exactamente cuando se habla de lograr mayor seguridad?

-Se expresa un anhelo en el fondo utópico, parecido al deseo de felicidad. Vivir en la tierra supone como prerrequisito ineludible cierta inseguridad, ya que todo es frágil, debil, impreciso y finito. ¿De qué seguridad hablan los que la invocan? Pasa que nos olvidamos de la utopía y, con el tiempo, si no hemos vivido episodios conflictivos tendemos a pensar que "logramos la permanencia de la seguridad" y ahí la cagamos. Los señores feudales, que se sabían de una clase privilegiada, sin embargo entendían que estaban expuestos a las terribles guerras cuerpo a cuerpo, a las fieras, a las infecciones y las pestes y hasta a la incomodidad de nimiedades como los piojos o miles de insectos que pululaban en palacios fastuosos pero sin cañerías ni vidrios en las ventanas. Los señores feudales no podían pensar en la seguridad porque estaban pensando en cómo pasar un poquito mejor cada penosísimo día a día.

-¿Vos querés decir que somos unos burgueses harto cómodos de comodidad ficticia y exceso de psicoanálisis?

-No, no dije eso. Pero lo dijiste vos, que por algo sos mi hijo.

-Te invito a cortar aquí, aprovechando no que no hay más ideas, sólo falta más cerveza. Pero un vaso adicional pienso que nos trasladaría de la reflexión a cierta peligrosa incoherencia. Sigamos la semana próxima.

1 Comments:

At 6:10 p. m., Anonymous Anónimo said...

Che tenes algo que ver con Alejandro Pablo Cesar Vitali de Ramos mejia,conoces algun pariente con ese nombre por esa zona?

 

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