26.2.05

SE FUE

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Creo que soy un tipo bastante contradictorio. Corrijo: excesivamente contradictorio, además de arbitrario y egocéntrico, que es lo que ustedes seguramente piensan de mi.
Mientras escribo esto, pienso que no debería hacerlo. Y sigo.
El fin de semana, Carolina me dijo que extrañaba a sus viejos y se quedó a pasar una noche allí.
Así que el sábado estuve escribiendo un poco y luego me acosté temprano. Todos mis amigos están de vacaciones, salvo los casados.
El domingo me levanté tarde y me fui a nadar toda la tarde. Cuando volví, Carolina no había regresado a casa todavía. Me senté frente a la PC y me puse a ver el correo. Así descubrí el extraño y doloroso email de Caro: decidió dejarme.
Si lo cuento, me voy a poner a llorar de nuevo. Así que ahí va este COPIAR-PEGAR para que vean cómo son las cosas:


"Siento mucho que sea así, pero no es por ser original: me da mucha vergüenza ser tan cobarde.
Decidí dejarte, no convivir más con vos, romper definitivamente nuestra relación.
Se que lo primero que vas a pensar es que hay otro. Iba a poner que no, pero sí: hay otro. Como imaginarás, no se decirte esto en tu cara. Siempre has sido conmigo un tipo tan honesto, derecho, franco… Y, por supuesto, aquí no se trata de un tema de culpas, ninguno de los dos podría haber hecho algo para frenarlo. Gracias por tantos momentos buenos. Adiós."


¿Qué hubieran hecho ustedes, después de leer esto? Pues eso hice: putear a los gritos, y después ponerme a llorar como un marrano, sin parar. ¿Se podría haber hecho otra cosa? Sí, llamar a sus viejos y decirles lo que me hizo la nena. Pero creo que informarles yo mismo los hubiera alegrado, porque ellos nunca me quisieron. ¿Llamar a una de sus amigas? ¡Esas envidiosas también se alegrarían, aunque no me lo dijeran!
Así que el llanto se presagiaba como único compañero. Y el casting en el que me esperaban como finalista el lunes se quedaría sin una futura figura descollante. Porque ¿cómo llorar y posar para una cámara? ¿cómo explicar que alguien puede llegar a ser la imagen de un producto con semejante cara de culo?
En medio de tanta meditación depresiva, se me vino a la cabeza la idea de llamar a Rodrigo, el gran amigo de la infancia y vecino de Carolina. Seguramente él podría aportarme alguna información. Así que busqué el número de su teléfono y lo llamé. Escuetamente, le conté lo que ya conocen, mientras trataba de que no se diera cuenta de que estaba llorando. Me dijo que ya lo sabía, que ella se lo contó.
Lamentó no poder hacer nada, y que entendía que era un hecho consumado. Que a él le había pasado lo mismo, precisamente con una gran amiga de Caro. Que parece que las mujeres hoy son así. Que recordarlo ahora lo ponía mal, y que lo disculpara porque me iba a cortar.
Y cortó, claro.
Así que no supe más que hacer, ahora que tuve muy en claro que me quedaba sin pareja, llorando como un tarado y con mi Windows XP como única compañía.
¿Saben qué noté al mirar alrededor? Que ahora esta es una casa totalmente vaciada de cosas de Caro… Tuvo tiempo para llevarse todo lo suyo, sin que notara sus intenciones. Exactamente como pasa en los tangos.
Dentro de mi escasa lucidez, logré conectarme con Martín.
-Me voy a Gesell, ya. Olvidate de Carolina, boludo. Veníte conmigo.
Martín no es el personaje más recomendable para compartir vacaciones: además de sus modales poco refinados y más bien mugrientos, es un adicto al casino. Pero siempre me dije que, por algo, uno tiene amigos como los que tiene: arrastran algo que uno no quiere reconocer de sí mismo.
Así que hasta aquí escribo. Martín viene para aquí a buscarme. Viviré un marzo distinto, impensado. Veremos qué pasa.
¿Que qué siento ahora por Carolina? Que todavía la quiero.
(Ahí suena el timbre, me voy).