16.2.05

MIS VECINOS, PARTE II

Imagen desaparecida de Lucile Ball
Como todo entorno tiene muchas formas de verse. Por ejemplo, yo he encontrado en Carlos mi gran confidente, pero a Carolina la pone muy nerviosa cómo la mira, y dice que es insoportable. Carlos es el encargado de nuestro edificio.
Encargado es lo que antes se llamaba un portero.
Cuentan que así como antes los podólogos eran pedicuros, los odontólogos dentistas, los oftalmólogos oculistas, los obstetras parteros, los cartoneros cirujas y el Jefe de Gobierno Intendente, a los encargados había que llamarlos porteros.
Bien: Carlos, nuestro encargado es de fierro. Está todo el día en un lugar que se lo encuentra, insiste en que uno lo llame por teléfono ante cualquier problema, y devuelve las propinas cuando le parecen demasiado dinero.
¿Cómo no “tenerlo en alta estima”? En última instancia, no va a ser el primero ni el último de mis vecinos dedicado a mirar con alta especialización hacia la zona en que mi esposa suele cubrirse con su corpiño.
Voy a seguir describiendo vecinos.
MARGARITA: es la dueña de la ferretería de la esquina, puesto que asumió hace un año, luego de morir su marido. Tuvieron toda la vida un muy buen pasar, hasta que un infarto masivo arrastró al pobre hacia “mejores tierras”. Entonces tuvo que hacerse cargo del local, y a partir de allí comenzó a tejerse la “leyenda de la ferretera”: los que rebotaron sostienen que es lesbiana, y los que parece que pudieron “ingresar a su mundo” callaron cerradamente, agrandando la leyenda hasta niveles exasperantes: he oído sobre sus hábitos nudistas, su preferencia por los cadetes, y hasta he han contado que “mantiene” a un policía de la zona.
PINOCHET: es el colorido nombre que han elegido sus vecinos para denominar al encargado del edificio de al lado. Comenzaron en broma a llamarlo así por su extraordinario parecido físico con el multimillonario chileno, hasta tal punto que ya todos han olvidado cómo se llama exactamente. Si bien trabaja en el edificio como corresponde, su prestigio y fama está extendido entre las cortes de ancianas del barrio: en que el Pino levanta quiniela clandestina. Aunque lo más curioso de este hombre es que él reconoce no dormir desde 1966, cuando estando en la colimba el efecto de una esquirla le dejó una herida en la axila, que muestra a quien quiera. Una de sus frases favoritas es algo así como “dígamelo a mí, que soy herido de guerra...”
JAIME y ARCIEL: son los vecinos del departamento contiguo al mío. Ambos vivieron una fugaz fama cuando eran modelos de televisión en la década del ochenta. Al entrar en su living, uno queda maravillado con el enorme póster de un perfume que cubre la pared, y en el que se descubre a ambos en una romántica escena de campo. Con la juventud desaparecieron los contratos, y han podido sobrevivir con todo tipo de rebusques: suelen ser extras de cine y televisión, claque para reírse en los programas o posan para estudiantes de las escuelas de arte. Son delgadísimos y es evidente que tratan de cuidarse y evitar en todo lo posible el efecto del paso del tiempo, pero no pueden luchar más allá de algo en el avance de la presbicia y cierta escoliosis en Arciel, la pérdida capilar de Jaime. Me da la impresión que la obsesión por ser perfectos les ha hecho olvidar que podrían haber tenido hijos.
EDIT es la hermana de Arciel. Desde que quedó sin laburo optó por aceptar la invitación de ir a vivir con ellos. Trabajó desde chica en la Morgue como empleada administrativa, y ahora junta unos pesos cada fin de semana, vendiendo souvenirs que hace con flores secas en un rincón del Parque Centenario. Desde hace un tiempo tiene un novio que pasea perros. De él conozco más que de ella por un hecho fortuito: una mañana dejó atado los perros en el árbol de la entrada de nuestro edificio, y subió a buscar algo. Nos encontramos al tomar el ascensor, y hasta entonces no habíamos cambiado más que saludos de cortesía. Habíamos bajado no más de dos pisos cuando se cortó la luz, y debimos esperar hasta que volviera a funcionar, media hora después. Así fue como me enteré de los perros que habían quedado solos afuera, de su falta de dinero, de que iba a casarse con Edit antes de fin de año y que se irían a vivir a España.
PEPI: es la suegra del encargado, que vive con ellos. No se por qué extraña razón no ha parado de engordar desde que vino a vivir aquí. Mejor dicho, si que sé: la comida. Pero lo extraño es que no pare de engordar, y se nota que debe ampliar su ropa con métodos muy visibles. Pobre mujer.
El domingo pasado Carolina decidió pasarlo con su familia, yo no la acompañé. Cuando volvió el lunes se dio cuenta que se había olvidado su llave, y tuve que bajar a abrirle. Cuando volví a sentarme en el teclado, noté que había “perdido clima”. Así que voy a seguir próximamente.
Saludos.