19.2.05

DOY FE DE LAS DELICIAS QUE COMÍ

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Hay un tipo por ahí, Morgan Spurlock, que hizo un film documental, para lo cual comió sólo fast food durante un mes, y parece que le fue bastante mal.
Esto, dicho rápidamente en una sola frase suena mal. Pero vamos por partes.
Ya que esto se escribe en Argentina, parecería haber otros hábitos. Pero no, dado que las grandes cadenas de comida rápida son comunes también por aquí, y además los lugares y hábitos de comidas son bastante similares a otras partes del mundo (chacinados, hot-dogs, papas fritas).
El tema creo que va por otro lado. Y es tal vez mucho más serio de lo que el documental propone.
Díganme si no es cierto que las hamburguesas, las papas fritas, el jamón y el pollo no están en la cocina de cualquier casa, a toda hora, desde que somos chiquitos...
Y especialmente en Argentina: ¿usted oyó hablar de las milanesas? Mire: son ese trozo de carne con huevo batido y pan rallado, al que luego fríen. En este país, además, se le echa arriba una salsa de tomates frita con cebollas, se le apoya un jamón con su grasa y luego de coronarlo con queso bien cremoso se lo termina en el horno. A eso se lo llama "milanesa napolitana", y todo el mundo lo considera un manjar.
Desde la óptica de las calorías, el colesterol, la obesidad y demás, ¡esa comida es una bomba de tiempo! como los sandwiches con abundante manteca y mayonesa entre jamón y queso, los benditos asados con mucha grasa y chorizos, y chinchulines, y los guisos, las tortas fritas y pastelitos, las tortas.
O yo viví en otro país, o aquí se comió siempre pésimo desde el punto de vista del cuidado de la salud. No desde el gusto. Doy fe de que todo lo que comí desde que nací es una delicia.
Hay dos películas interesantes: "Como agua para chocolate" y "La fiesta de Babette", en la que el tema de la comida plantea cuestiones éticas interesantes: el marco en que la gula y/o la simple alimentación deben ser inscipta en la vida personal de cada uno.
Y hoy, en el marco en que las clases medias viven con angustia cierta fobia a las enfermedades que termina siempre en una lógica hiponcondría, se hace bien visible en los cientos de publicacioness de todo origen que pululan por los kioscos. Es muy curioso eso de encontrarse con revistas sobre la salud en la cual uno se encuentra con títulos como "La cebolla: mejor que cualquier antibiótico", o "Cuide su cáncer" o "La dieta para bajar definitivamente de peso" (¿no le suena como que ya las leyó?).
Por ahí alguien dijo que "uno es lo que come", y podríamos agregar "más lo que fuma, bebe, se desborda, envicia, adicciona, mal usa y hace aunque deteste". Pero a medida que lo digo no me felicito, porque creo que es una total obviedad. Y, la mayoría de las veces no podemos dejar de hacer lo que hacemos. Una escena tradicional muestra al médico de cabecera de alguien recitando "bueno amigo: es ahora de abandonar el alcohol, las mujeres, el café y los picantes..."
Yo propongo a cualquier documentalista a hacer la versión sobre comidas de los argentinos, y no encarnada en los McDonalds sino en la familia: la madre preparando milanesas, el padre trayendo chocolates, los chicos hartándose de helados en la esquina. Porque el secreto está en el hábito de las dietas, aprendidas en casa, en el colegio, en la casa de los amigos y compañeros. ¿A qué argentino se le ocurre discutir el valor alimenticio de las milanesas de la nona o de la mama? ¿Oyeron a alguien discutir a muerte este aspecto? ¡Creo que por una cuestión política ni a Cormillot se le ocurriría cuestionarla, a no ser frente a enfermos a los cual debiera prohibírselas.
Detrás del mito de las milanesas se encierra otro más fuerte: la carne de vaca, detrás del cual hay otro: LA CARNE, sin la cual la suma de creencias arraigadas supone que todos moriríamos en poco tiempo.
Y así, como todos piensan que si suman sandía con vino morirán como envenenados, muchos piensan que si dejan de comer carne, comer menos o sustituirla aflorarán las mil desgracias sobre ellos.
Lo expresaremos de un saque: las milanesas y todo lo que suelen rodearla (mayonesa, papas fritas, tortillas) suman enfermedad. Es cierto que son riquísimas. Pero es también cierto que un tipo de cuarenta años, estuvo comiendo a lo largo de su vida unos dos mil platos de milanesas, cerca de una tonelada de carne frita, que como una trituradora funcionando no puede no haberle hecho algún daño.
Todo servido primero con la sonrisa y ternura de mamá y abuela, luego de su dulce mujercita.
¿Conclusión?
Deberíamos ponernos a investigar la incidencia de los mitos y creencias erróneas familiares en la mala alimentación de todos nosotros.