21.1.05

LOS RECUERDOS DE VITALI

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Para ser prolijo, he decidido repetir mis blogs publicados en http://alevitali.blogspot.com. Esto permitirá al navegante tomar contacto completo con las razones que me llevaron a crear el weblog de mi familia: su neurosis es una cosa muy divertida!
Primero hay un reportaje mío al viejo: Charly, después una biografía no autorizada de mi vieja, Marita (se negó a un reportaje), y luego sigue mi descargo porque mis padres no me comprenden.
En medio de esto, me escribe un lector diciéndome sobre lo divertido de las historias de tanto neurótico. Así que empecé con la historia personal, a partir de tener que reconocer ante mis viejos que no vivo más solo.
Ahí van:
24.8.04
PAPÁ CONTESTA

Testigo poco objetivo de la devastada generación de los setenta, mi papá parece cumplir los destinos de todos aquellos muchachos que llenaron de sentido una etapa dolorosa de la historia argentina. Así que me dije ¿por qué no reportearlo? No le gustó mucho al principio, no es un fósil pero le es bastante sospechoso esto de la internet, casi como que le rehuye un poco.
Para los que no lo conocen, les voy a trazar un rápido perfil, absolutamente teñido de visión personal por ser su hijo y -por lo tanto- me debo basar en mis notas y recuerdos, totalmente influídos por la vaguedad de datos del todo inciertos en las partes que no viví con él. Mi padre intentó toda su vida escribir y trascender con su escritura, por eso devino en empleado público. Una forma de vida que -sin embargo- le permitió descubrir y manifestar en parte aquella vocación con esporádicos trabajos en un par de editoriales y alguna changa adicional. Esto le ha servido para desarrollar una personalidad disociada (estereofónica le dice él) que, según con quien habla es periodista o empleado, ocultando todo su background académico, al que renunció hace tiempo.
Se casó con mi madre a principio de los setenta y no llegó a los ochenta en el mismo estado. Tuvo un par de matrimonios adicionales, y me regaló otros hermanos. Pero eso, además de ser el tema preferido con mis analistas, va a ser objeto de futuras notas.
¿Qué es esto de que sos empleado?
Mientras estudiaba Letras, me fue bastante cómodo conseguir un empleo público: para estudiar era ideal. Letras era una carrera perra por la cantidad de lectura que implicaba. Yo estaba en la Facultad de Filosofía y Letras de la calle Independencia, que era como decir estar en un incendio permanente. Físicamente era una especie de carnaval de Río: no se alcanzaba a percibir el espacio porque toda la superficie interna del edificio estaba lleno de carteles de agrupaciones políticas. El edificio era viejo y poco mantenido, insuficiente para cubrir las necesidades mínimas de miles de alumnos de cientos de carreras: allí no sólo convivíamos con la gente de Filosofía, sino con los de Bibliotecología, Geografía, y los problemáticos: Psicología y Sociología. Las clases, las reuniones y las asambleas eran verdaderos aquelarres repletos de personajes inverosímiles. Suelo recordar esa etapa como una especie de Guernica que permanece en mi memoria.
¿Me contestaste la pregunta sobre qué era eso de ser empleado?
Por aquella época el empleo público era el paradigma del trabajo, desde allí se ensayaban las políticas que después se extendían a todo el espectro de la actividad privada. Y nosotros los estudiantes teníamos muchos días para faltar por estudio, lo que me hacía muy cómodo el estudio. Y esto a pesar de que estudiar letras era todo un tabú, sobre todo para los varones. Los viejos te decían "¿y de qué vas a trabajar cuando te recibas?" (y ahora pienso que tenían algo de razón) y tus jefes laborales te cargaban... Cuando me recibí me di cuenta de que el título me servía mucho para la docencia, pero para el resto del espectro laboral yo debía ser "un zurdo", porque sí nomás... Esto se complicó cuando conseguí un laburo como corrector de una editorial técnica, cuyo dueño era un señor que sólo quería tener un negocio muy rentable y que el periodismo, la especialización, la literatura o el diseño gráfico no le interesaba en lo más mínimo, por lo cual la relación con su personal era casi imposible. Te estoy hablando de un trabajo que hacía a la salida de la oficina, a la tarde, después de las tres. Así, de a poco, empecé a escribir algunas cosas, pero me pagaban muy poco, apenas me daba unos pesos adicionales... Y ese, con otros trabajos que fuí consiguiendo me dieron la medida de que me era muy difícil meterme en el periodismo definitivamente, trabajar exclusivamente de eso y profesionalizarme… He sido siempre un bicho raro, en un lugar lleno de bichos raros. Vos sabés del palo de mis compañeros, como el Pato Rositi, el árbitro. Resulta que los árbitros de la AFA no pueden trabajar de árbitros si no tienen otro laburo, así que tarde o temprano terminan enganchándolos en un trabajo público… Antes, con Segba, la Italo, Gas del Estado o la Caja de Ahorro la cosa era más disimulable, pero desde que todo eso se privatizó, a los árbitros emprezaron a acumularlos a todos…
Pero no te olvides que soy tu hijo, y si mi memoria no me hace equivocar (tus notas en Humor, en Página 12, los guiones de Rock & Pop), no sólo recuerdo muchos trabajos tuyos, también las cositas que se que hacés en el presente.
¡Y eso es lo que yo llamo mi estereofonía! He vivido siempre del empleo público, pero yo soy pobre dentro del periodismo: he hecho trabajos que van de lo gratis a la devolución de favores, canjes y en el mejor de los casos no he cobrado o cobrado algo simbólico... Si hubiera tenido que vivir de eso, vos ni siquiera podrías haber cursado el primario... Es decir: claramente le estás haciendo un reportaje a un simple empleado público, que changuea escribiendo algunas boludeces.
¿Qué pensás del periodismo actual?
El periodismo, hoy, tiene resuelta bastante bien la crisis que vivió durante la dictadura. En los setenta el periodismo había sido una fiesta, iniciada en los sesenta (a pesar de las diversas dictaduras de por entonces) con Primera Plana y Confirmado de Timmerman, Todo de Neustadt, Gente de Atlántida, los productos de Abril: Siete Días y Panorama con Tomás Eloy Martínez, Adán, La resurrección de El Mundo a principios de los sesenta que había servido para el renacimiento de Mafalda de Quino (que en realidad había sido originada por la agencia de publicidad Agens en Primera Plana para Mansfield, una línea de Siam). Como te decía, los setenta se inician con el periodismo en ebullición: los periodistas que crecieron en los sesenta, junto con los innovadores, dieron el salto cuyo punto más alto llegó con La Opinión de Timmerman, El Cronista de Rafael Perrota, Noticias con Miguel Bonasso, tres diarios espectaculares de la época más politizada y combativa que tuvo la Argentina contemporánea. Y los ayudaba enormemente una realidad muy rica en acontecimientos diarios. Todo eso murió en marzo del 76: por supuesto no fue casual que los tres directores de los tres diarios que te nombré fueran los principales afectados: a Timmerman lo metieron adentro y su calvario duró muchos años, dicen que no desapareció por la fuerte presión internacional, Perrota sí desapareció para siempre, Noticias y Bonasso se hicieron humo tras la clandestinidad y persecución del grupo político que les servía de soporte. El resto del espectro entró en coma: los mejores periodistas argentinos pasaron a silencio o porque los hicieron desaparecer, o porque se fueron del país o porque callaron (algunos hasta cambiaron de profesión, o pasaron a ser creativos publicitarios o guionistas de televisión). Y el periodismo en la Argentina cambió para siempre.
Otra vez no me contestaste.
Es que la estereofonía me dispersa. Tal vez porque sirva más para entrevistar que para ser entrevistado. Ahí te contesto: no me gusta el periodismo actual. Pero no es una pregunta completa, porque hoy la actividad está muy segmentada. El periodismo político casi no existe, parece haber sido eclipsado por el periodismo "de actualidad". En realidad lo que no existe es una "realidad política". La política argentina no pasa ya por los partidos, sino por una externalidad con ritmo de video clip que pone en foco secuestros, movilizaciones sectoriales y notas de color. El paradigma parecen ser estrellas como Majul, Lanatta o en su momento Juan Castro, figuras jóvenes con mucha polenta investigadores de la incidencia de la tecnología en el mejoramiento de los recursos periodísticos. En realidad ese es "el tema". Es que nuestra generación nunca va a entender el valor y poder que encierra hoy la televisión. El periodismo que conocimos era aquel que se nutría de tipos de los cuales importaba menos lo que pensaba y más como lo decían o podían expresarlo: Borges y Arlt en el diario Crítica de los 30/40. Hoy el periodismo pasa más por los recursos que se utilizan, la tecnología ha tomado las riendas del proceso. Mirá: vos mismo me están interrogando con un grabador, vas a procesar esto en el Word, lo vas a subir a un satélite a través de un conglomerado de recursos (ADSL, Blogger, PC), y de todas maneras es muy difícil saber si alguien lo va a leer alguna vez porque lo que en el periodismo tradicional se llamaba el lector ¿sabemos qué es hoy?
¿Vos leíste mi weblog?
¡Sí, y sabés que me parece divertidísimo! Coincido poco con vos, me parece que sos un clásico: arbitrario, contradictorio y a veces hasta confuso. Pero así son todos, no se puede dejar de ser humano (al menos hasta que las máquinas tomen definitivamente nuestro lugar).
Pero si yo no pretendo mucho más. Es cierto que no se si me leen miles o no. En Google tengo contabilizados esta semana 68 links a mi página, ¡alguien tiene que leer algo mío en algún momento en algún lugar!
Sí. Y yo te deseo un gran éxito. Al menos vos no sos empleado público.
Cierto: sólo soy desempleado.
Carlos María Vitali es filólogo, corrector de estilo, periodista free lance y mi padre. Esta fue una entrevista monaural, prometo volver a entrevistarlo en su otra realidad, la de empleado público, parece que base de mi educación actual.

7.9.04
MAMÁ (UNA VERSIÓN NO AUTORIZADA)

En cuanto le conté a Marita –mi única madre legítima- acerca de la necesidad de que contestara mi reportaje, “ardió troya”. Desde que comenzó su bendita menopausia casi no hay manera de hablar con ella sin que se transforme en un aquelarre y yo, para colmo, insisto en convencerla desde una supuesta paralelización que quiero hacer con el reportaje al viejo.
Ya que fue inevitable que ardiera Troya, no es necesario que también incendiemos Roma. Así que voy yo –solito y desde lo que se-- a contar la historia (perdón, Ma, vos lo quisiste así).
No es que en los sesenta las mujeres llegaran vírgenes al matrimonio -–ni mucho menos—pero parece que mamá era onda más bien tímida, y eso le impedía dar pie con bola en la relación y la subyugación que emanaba de su propia madre.
La abuela era --es— una mujer terrible, digamos, lo contrario de indecisa ¿cómo se dice?: una especie de mandamás que se vanagloria siempre de haber conducido con gran éxito un ejército de cinco hijos, una madre y un padre ancianos, una mucama paraguaya, un perro y... un marido.
(Así que si quieren saber qué pasó con una hija tímida en ese entorno, imagínenlo. Nada más imaginativo que un lector moderno). (Y sin links).
Presumo –con mucho fundamento— que a mamá le costaba embarcar en una vida sexual propia en tal contexto...
Apenas si había cumplido dieciséis años cuando conoció al viejo, de veintidós, que era cadete del diario “Crónica”, y que eso le permitía florearse autotitulándose “periodista”. Esa asincronía entre una estudiante secundaria tímida y un “señor periodista” emborrachaban a Marita, que se pensó enamorada y no que estaba “siendo transferida” de la esfera decisional de la abuela a la de papá...
Así que –como imaginarán- la vida sexual de mamá cambió rotundamente.
Cuando mamá cumplió los veinte ya hacía cuatro años que escondía sus reales prácticas sexuales con su novio, que eran secretas y que en aquellos tiempos no había manera de develar sin que surgieran verdaderos escándalos familiares y sociales (eso dicen, yo no me lo imagino, y no porque creo que me mientan, pienso que exageran; en todos los temas de sexo la gente mayor se altera un poco, es como que tienen grabado a fuego aquello de que “de eso no se habla”).
Cuando el viejo (y según él muy legítimamente) le empezó a hablar de matrimonio (ya había dejado de ser “cadete” y pretendido periodista porque para entonces era un empleado público con trabajo “seguro”) la cosa se descalabró. Mi mamá se cuestionó dos cosas: si quería casarse y si realmente amaba a su pareja. Lo cierto es que, de tal crisis sólo se podía salir de dos formas: rompiendo la relación o casándose, una solución para la que no se requería dar mayores explicaciones, y que cortaba de una vez el pesado vínculo familiar (léase con su madre).
Pero la vida, (que, como diría Hegel, tiene sus insospechados e inverosímiles trucos para pensarse a sí misma) la arrastró a confiar su problemática en busca de solución a su madre. Mi abuela se ha caracterizado por asumir “arreglar la vida a todo el mundo”, por lo cual las confesiones de su hija Marita no podían ser la excepción: preparó sin contratiempos la planificación de todo un pack de soluciones inmediatas que –obviamente—terminarían en boda. Así que –cuando pretendió aterrizar—mamá ya era esposa y madre.
(Ma: si estás leyendo esto, y todavía no te desmayaste, entendé cuánto mejor es un reportaje que una biografía no autorizada. En un reportaje, mal que mal, el entrevistado orienta como quiere --o puede-- el tenor de las preguntas. A esta altura me estarías contando cuánto te gustaba de chica el cine de Disney, los pochoclos y otras boludeces por el estilo...)
Marita parecía vivir bien su experiencia: el primer año fue muy bueno, algo pasearon, veían mucho de lo que por entonces se llamaba “cine arte”, cuando podían se rajaban para la playa, se compraron un autito viejo. No les sobraba la plata, pero se podían dar ciertos lujos para la época. Al año siguiente aparecí yo. Después vinieron mis otros dos hermanos.
Cuenta la vieja que todo se complicó cuando no pudo dominar más sus celos, y su obsesión por perseguir a papá terminó con lo que ella misma deseaba: descubrir alguna de sus infidelidades.
Yo tenía seis años cuando en una penosa escena, mamá echó a papá de casa en medio de un gran escándalo. Nunca más volvió a casa. Nunca voy a olvidar ese dolor.
Aceptar a Eduardo en casa fue otro tema. Es obvio que –entonces sí— mamá había logrado enamorarse. Tiempo después mamá quedó embarazada, pero con tan poco éxito como la misma pareja, que desapareció poco antes que nos enteráramos del fallecimiento del pobre Eduardo, un buen tipo...
Mamá no intentó hace rnuevas parejas, aunque siempre le pescamos alguna “historia”, sumergida entre sus clases de metafísica, yoga y fenshuí. Ahora está entusiasmadísima con un curso de “milagros”, ángeles y cosas así, que lleva a cabo en plena Villa Freud.
Sus tres hijos ya no vivimos con ella. Mamá trata de lucir joven y lo logra bastante bien: se cuida del chocolate, el cigarrillo y los nefastos resabios de una menopausia más bien tardía.
Y no contesta reportajes. Y pronto quedará muy sorprendida al reconocer que se transformó en el principal personaje de mi nueva novela.
(Ay, mire, los hijos no terminan nunca de darle dolores de cabeza a una...)

9.10.04
MIS PADRES NO ME COMPRENDEN

(Para los que leen mis blogs en forma aislada: todo comenzó con un reportaje a mi padre, Carlos, un tiempo atrás. Me contó sobre sus trabajos y esas cosas, todo muy formal. Luego intenté hacer lo mismo con mi vieja, Marita, pero me sacó rajando. Entonces ensayé contar su vida y parece que lo que conté no gustó mucho. Lo que sigue es la consecuencia de aquellos dos primeros hechos.)
Marita no necesariamente debía enterarse acerca de lo publicado, y juro que no tenía prevista esta cuestión, que está un poco más consustanciado con esto de la internet, sí me lee desde su reportaje. Parece que se enteró de aspectos de su matrimonio que desconocía.
La historia no es menor, y yo he pasado las últimas cuarenta y ocho horas con llamados telefónicos algo complicados, que han dado como resultado lógico que les conceda un espacio a "la historia oficial" y a "la biografía autorizada".
La aclaración de Marita.
"Lo que escribe Alejandro es, apenas, su opinión. Lo he leído dos veces y siento que lo que allí está expresado me produce algo de rabia e impotencia. Más que nada por leerlo en un medio público, en menor medida porque no coincide en nada con la realidad y porque procede de mi hijo.
Así, como aparece, mi madre parece culpable de todas las desgracias del universo y no es tan así: la vieja tiene sus cosas, pero también tiene otro montón que la honran: es solidaria y voluntariosa como ninguna.
Pienso que Ale tampoco es justo al juzgar a Carlos. Muy por encima de su infidelidad, debo reconocer que cuando eso sucedió el vínculo ya estaba roto desde hacía mucho tiempo. Ale nunca lo supo, él escribe desde su egoísmo de hijo, de la rabia que le dio que sus padres se separaran, de la identificación con su padre y del sumarme culpas al asociarme con su abuela (Gracias, Clara) (Clara es mi psicoanalista). No es cierto que nos separamos por su infidelidad, nunca lo eché de casa. Siempre la infidelidad es menos dolorosa que tomar conciencia que todo está terminado.
Pero no quiero caer en detalles odiosos. Sólo quiero que quede claro que todo el planteo es una visión personal de mi hijo ¡y tan personal que se da el lujo de opinar sobre cosas que sucedían varios años antes de nacer!, eso basta para medir lo banal de su planteo. María del Carmen Acosta. "
Obviamente, he repetido el texto tal cual me lo acercó mamá, salvo alguna corrección de estilo que consideré oportuna. No estoy de acuerdo con que no pueda opinar sobre lo que no viví. Con ese argumento deberían desautorizarse de un plumazo ciencias como la historia o la arqueología.
Con respecto a la abuela, deberían conocerla. Creo que lo mejor para que entiendan es que le dedique mi próximo blog (ay, nonita).
Con el viejo no me fue mejor.
Voy a ahorrar al lector la catarata infinita de conceptos que unieron viejos rencores con situaciones más nuevas, reproches y cuestiones familiares personales que unen (o más bien no) a mi padre y a mí, dictadas por cierto nerviosismo general. Trataré de ir al grano.
Decía papá:
-- Lo que más me afecta es que ahora todo empieza a tomar un estado público que no hubiera tenido, de no ser que a partir de la salida de mi reportaje en tu blog yo recomendé el lugar a todos mis amigos. Inclusive porque muchos reconocieron lo de "Vitali vuelve" como la continuidad de mi obra.
-- ¿Eh?
-- Todos dicen que sos mi continuador, y que mejorás ciertas cosas que opinan yo tengo como dormidas y que vos lograste mejorar: el manejo de la ironía, la elaboración de los remates, las asociaciones ilícitas entre conceptos no directamente relacionables, el subtexto humorístico... todas esas sandeces que son capaces de decir la caterva de intelectuales que me rodean!
-- Nunca me lo contaste.
-- Es que no nos vimos, nene...
--Lo que no logro entender es qué es lo que te afectó de lo que puse sobre mamá.
-- Salvo lo de la bruja de tu abuela, en lo que te quedaste corto, ¡todo me afecta! ¡Vos no sos –mejor dicho no podés- pretender testificar públicamente sobre cosas familiares privadas que no viviste.
-- Pero si yo aclaro que es "no autorizado".
-- ¿Y de dónde sacaste todas esas versiones?
-- La gran mayoría son tuyas. Los mayores creen que cuando gritan, vociferan, discuten y lanzan improperios los chicos no escuchamos...
-- ¿Ves lo que digo? ¡Todo eso es privado! No podés ponerlo en una vidriera, como si nada. Esta mañana me despertó tu vieja vociferando como una loca. Encima ella no lo había leído. Yo le pasé tu dirección para que lea mi reportaje al Tute, y justo él elige entrar con la bruja de su mujer a leerlo el día que vos ponés la historia de tu vieja. A los dos minutos, ¡medio mundo leyó tu blog! Ya me llamaron todos...
-- Bueno, viejo, perdoname. Vos sabés que esa no fue mi intención. ¿Qué puedo hacer para repararlo?
-- No se. Ni se para que te llamo. Estoy como descolocado.
Bueno, el resto de la charla fue más privada. Quedamos en encontrarnos hoy a cenar. Les juro que no se cómo sigue esta historia, lo más probable es que termine anulando todo esto y cambie el rumbo de mi blog.
¿Todas las familias serán así de complicadas?

15.1.05
YA NO VIVO MÁS SOLO
Desde hace unos meses convivo con Caro, mi mejor amiga. Y: sí, duerme conmigo justamente por ser mi mejor amiga. Es decir: no se si es, será o siquiera ella desea ser mi mujer, o esos aparatosos nombres que ustedes usan: esposa, cónyuge, novia, prometida…
Aclaro esto porque desde que se vino a casa, mi familia me ha ametrallado con sus aburridas preguntas. Apenas habían acallado sus boludeces sobre mi falta de orden o las supuestas irregularidades con las que vivo, cuando ¡les he dado nuevo pasto con esto de incorporar un habitante a mi destartalado lugar de vida!
Los únicos que deben estar contentos con lo de Caro son los vecinos: mis frecuentes actividades sexuales me han hecho abandonar bastante mis clases de bajo.
La primera impactada con la cuestión fue mamá, que se enteró por el tarado de mi hermano menor. Es que un día que había perdido la llave se vino a casa a las cuatro de la mañana, pretendiendo quedarse a dormir conmigo. Lo saqué rajando, pero tuve que develarle que ya no dormía solo.
-Nene: no me habías contado –fue lo primero que se le ocurrió decir a la vieja, imitando lo que hubieran podido decir en su lugar prácticamente todas las madres del mundo-.
-Es que estuve algo ocupado, ma…
-¿Pero no sos desempleado?
-Estoy formando una nueva banda de rock callejero, y eso me llevó algo de tiempo. Además, estuve participando en el casting para el lanzamiento del nuevo Peugeot. Y vos sabés que, además, tengo mi weblog.
-Hace más de un mes que no me visitás, y las últimas cuatro semanas me contestate siempre lo mismo. Y ahora que te lo digo, seguro que la semana que viene agregás que no me visitás porque estás en pareja…
-"Estás en pareja"… ¿No se te ocurre algo más formal, no?
-Sí ¡qué estás en pareja y me tengo que enterar por otros! Ni que fueras un extraño. ¡Y suerte que no me enteré por tu weblog! Hasta tal punto lo temí, que llamé a tu padre, y…
-¡No me digas que le contaste al viejo!
-No. Me da la impresión que se enteró indirectamente, cuando le pregunté si ya lo sabía…
Ya ven lo que es una familia. Los profundos significados de la interacción familiar, los manejos tintineantes que ocurren dentro de la madeja.
¿Les gustaría conocer cómo continuó esta bonita charla con mi vieja, que para esto me despertó un domingo a las nueve de la mañana?
-Mirá nene: vos sabés que yo no quiero inmiscuirme en tu intimidad. Pero sabés todo lo que te quiero. ¡A mí me encantaría conocer a… ¿cómo se llama?
-Carolina, mamá.
-¡Qué lindo nombre, Carolina! ¿Sabés por qué todos le poníamos Carolina a nuestras hijas? ¡Porque la princesa de Mónaco había elegido ese nombre para su hija! Seguro que es rubia…
-No, ma… Caro es morocha.
-¿Negra?
-Si querés, negra… pero para mí es morocha.
-Vos sabés lo que te digo… piel oscura…
Caro, acostada a mi lado, parecía despertarse y gruñir, así que bajé un poco la voz.
-¿Está ahí con vos?
-Claro, si ya sabés que vive aquí.
-¿Puedo hablar con ella?
¿Quieren que le cuente lo que sentí? Les voy a ser muy sincero: no había pensado en tal perspectiva. Desde que conocí a Caro, y de esto hace casi un año, logré construir un mundo incontaminado entre ella y yo, con incursiones de algunos amigos de ambos, no más. Ni su familia ni la mía habían logrado tener injerencia alguna.
¡Y la pregunta de mamá rompía algo que ni yo mismo sabía cómo se llamaba, pero que me impactaba!
¿Qué le digo? ¿Qué explico para sacarme de encima la derivación que puede alcanzar la situación? ¿Le digo que es muda? ¡Ya conflictuada mamá con el asunto de que es morocha si agrego que es muda se va a enloquecer y venir para aquí para tener una visión in-situ de la problemática en la que está metido su nene.
Pero en realidad –y recién ahí me di cuenta de la verdadera cuestión- lo que me aterrorizaba era el desencuentro probable que sucedería.
Si de algo soy consciente es de la distancia ideológica que me separa de mis padres. Ellos están llenos de prejuicios, de barreras, de cosas que hacen pesada la vida: cumplimiento de compromisos, creencias inútiles, en fin… Yo, para ellos, soy "un lanzado", un tipo que le importa un pito todas las boludeces que viven cometiendo ellos.
¿Y cuál es el problema?
¡Qué lo que me atrajo de Caro es que ella es peor que yo, y se lleva peor con su familia! El padre de Caro es uno de esos escribanos que nunca se sacó la corbata ni para cagar, y encima la madre es la presidenta de unas de esas sociedades de nosequé que siempre aparece en la televisión pidiendo ayuda a la comunidad.
La diferencia conmigo es que –salvo lo que digo en el blog- soy más bien de perfil bajo, no ando gritando mi parecer. Pero a Caro ¡le encanta decir todo lo que se le pasa por su cabeza!
¿Quieren que les cuente cómo Caro anunció que se venía a vivir conmigo? Me invitó a su casa y me presentó a sus viejos, que querían parecer ubicados y hacerse los cancheros conmigo. Así que me pidió ayuda para ir a su habitación a buscar la valija, y mientras salía les dijo que iba a estar unos días afuera porque se iba a vivr conmigo. La madre (que tiene más horas de diván que letras este blog) le pidió que le contara por qué se iba de la casa y Caro le dijo que no se equivocara, que ella no quería dejar de vivir con ellos sino que quería vivir conmigo, y eso era porque no quería más jugar a ser "una persona seria" y ahora quería sentir cosas.
Espero que ahora, Caro, esté sintiendo cosas.
Y continuamos con aquella escena, en la que mamá está por comunicarse con la "negra muda":
-Hola querida, no sabés cuánto quería conocerte.
-Perdoname, Marita, si me sentís algo dormida: ¡es que estoy bastante dormida!
-¿Querés que los llame más tarde?
-Sí, dijo Caro. Y cortó.
Para una radiografía rápida de las dos mujeres: una inmiscuida y barroca, la otra clara y terminante.
Y yo en medio de las dos. Con una al lado mío y dormida, de vuelta. La otra, imaginándomela furiosa, puteando y maldiciendo. Y algo peor: sin imaginarme cómo iba a seguir esto.
Nos habíamos acostado a eso del amanecer, de vuelta de un asado en San Telmo, en casa de Nahuel, mi amigo poeta e hijo. La poesía le permite fantasear un futuro imposible, lo de hijo es por parte de padre, porque Nahuel es inevitablemente rico.
Cuando Caro se levantó negó recordar cualquier diálogo que hubiera tenido con mi madre ¡y yo estaba seguro que Marita podría reproducir hasta el último de los términos dichos y escuchados! (cosa que haría rápida y fielmente con cada uno de mis hermanos y –peor- con mi padre).
Así que al rato sonó el timbre de mi celular, lo que no me hizo dudar que era papá (el prefiere llamarme ahí porque así se asegura que contesto yo).
-Pero si vos hablaste más de una vez con Carolina –aduje ante el viejo, que quería saber si era cierto que vivía conmigo-
-Sí, ¿pero cómo iba a saber que era siempre la misma? Yo no puedo decir nada de que en tu casa siempre haya mujeres, ¡pero sí que te hayas casado y no me lo hayas informado!
-Pa: no seas escandaloso. No me casé.
-Bueno: lo que hiciste se llamaba así en nuestra época. Uno decidía vivir con una mujer con la cual "se casaba". ¡Se llamará de otra forma, pero es lo mismo! A lo que voy, es que de una u otra manera, es un acontecimiento auspicioso. Podrán haber cambiado las formas, pero es lo mismo: si ustedes se quieren, sigo siendo tu padre y me gustaría participar de la cuestión.
-¿Paar… ticipar?
-Sí, hombre, conocerla… Saber quién es la "princesita que le ha robado el corazón a mi nene".
-¿Podés contarme qué te contó Marita?
-Me despertó hace un rato para contarme que te habías casado con una chica que –por suerte- es igual a vos: no le gusta que la despierten temprano.
-Entonces se te ocurrió a vos también llamarme a las nueve de la mañana un domingo, como hacen los Testigos de Jehová (1).
-Pa: si alguien conoce a la vieja en sus interpretaciones de la realidad, sos vos. Tal vez si te hubiera hecho alguna interpretación a la luz de los textos de Osho hubieras reaccionado, pero así contado, creo que te empaquetó. ¡Obviamente: no me casé! (al menos todavía).
-Mirá: en realidad te llamo porque… bueno yo también quiero que conozcas a Beatriz.
Sí: imaginan bien. Papá también quiere volver a casarse.
Pero ya me cansé de escribir, y esto da para otro blog.
(1) En Buenos Aires sólo los Testigos de Jehová tocan el timbre de tu casa los domingos antes de las doce, invocando que debes enterarte ya de un mensaje bíblico que pretenden dejar en medio de tu terminología nauseabunda usada como respuesta.