24.1.05

ELVIEJO VINO

Image Hosted by ImageShack.us

Después de aquella charla telefónica, no volví a comunicarme con el viejo, con lo cual casi me olvidé de sus preocupaciones (y de las mías).
Hasta que un día se apareció por casa, con un par de cervezas frías. Cuando nos encontramos con Charly somos una vívida representación de Homero y Bart Simpson: dos descatados inyectándonos birra.
Carolina tenía su día “de amigas”, en el cual visita otras brujas o –algunas veces- a los cogotudos de sus viejos.
Al viejo se le cortó así la perspectiva de caer “como de casualidad” y conocer así a Caro. Pero a mí me permitió entrar en tema.
-Si no me equivoco, he conocido más de veinte mujeres a las que me anticipaste en algún momento que podrías casarte. Con Alba y Lucía lo hiciste, pero esto de que me lo anuncies con tanta anticipación es toda una novedad.
-Es que Beatriz es sumamente distinta. Vos sabés que mis parejas, salvo tu madre, han sido siempre muy... digamos... intelectuales. Pues Beatriz es deliciosamente inculta, salvaje, hasta naif te diría. Y es vocacionalmente ama de casa. ¡Desde mi abuela y mi madre que no conocía alguien así!
No podía creer lo que escuchaba. Tal vez alguien le cambió las ideas, le vació el marote, lo afectó en su esencia.
-¿Y por qué razón te querrías unir más sólidamente con una mujer así, un liberal como vos?
-¿Raro no? ¡Claro que es raro! Es que siempre me había preguntado si yo podía llegar a hacer una pareja con una mujer sencilla. Llegué a creer que lo mío era una marca fuerte, algo que me impedía hacer parejas comunes. Lo de Alba fue lindo al principio pero algo duro, con sus giras por el interior y su vida de diva de la ópera. Lo de Lucía nunca pudo superar la competencia por quién escribía más y mejor. Y Marita no será una intelectual pero toda su vida se preocupó tanto por no tener una carrera universitaria que sabe más que nadie de toda una heterodoxia de saberes extraños, como el fenshui o el arte de hacer velas aromáticas conociendo el significado oriental profundo de cada encendido.
-Cuentan que en la vejez uno se pone a hacer una especie de racconto de su pasado, pretendiendo ser aprobado en sus errores.
El viejo se puso a reir como un loco. Me pregunté qué había dicho de gracioso. Me pregunté también si a esa altura la cerveza no estaría haciendo efecto.
A mí sí me hace efecto, sobre todo con el viejo, al que realmente quiero muchísimo. Nunca se borró conmigo, y se tuvo que comer mil sapos como la ríspida relación al que fue sometido con Eduardo, el novio de mamá que fantaseaba ser mi papá y se sentía “obligado a educarme”.
-¿Qué vas a hacer con Beatriz?
-¿Vos me preguntás si quiero vivir con ella para siempre?
-Sí.
-Creo que sí.
Brindamos con el último vaso de cerveza, y quedamos con que nos encontraríamos los cuatro. Me dio la impresión que Beatriz y Carolina eran dos personas poco congeniables, no se.
Decidimos arreglar para el fin de semana siguiente.